Desde hace tiempo me rondaba una idea en la mente: si tantas especies tienen su nombre científico, ¿por qué nosotros, los puertorriqueños, no podemos tener el nuestro?
Así nació Caribaeus portoricensis.
Un nombre que no busca encasillar, sino celebrar. Porque aunque somos una especie endémica —únicos del Caribe, con raíces profundas en esta tierra— también somos migratorios. Hemos volado, navegado, caminado por el mundo entero… y en cada rincón dejamos huella.
Ser Caribaeus portoricensis es ser resiliente de nacimiento. Nuestra historia colectiva, marcada por huracanes, colonizaciones, migraciones y resistencias, nos ha enseñado a levantarnos una y otra vez. Nuestra memoria no olvida, y de ahí viene nuestra fuerza. Somos herederos de agricultores, de músicos, de la valentía.
Cargamos en la sangre una mezcla indomable de resistencia y esperanza.
Ser puertorriqueño es ser fuerte, valiente e imparable.
Este nombre es un homenaje a la mejor raza…
Un recordatorio de que existimos, resistimos y brillamos , aquí y donde sea que estemos.
Caribaeus portoricensis: especie única del Caribe, con alas en los pies y fuego en el corazón.
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